Publicado en Inteligencia Emocional

CONTAGIO EMOCIONAL VS. EMPATÍA

Te habrá ocurrido alguna vez, que estás con algún amigo o familiar y estáis hablando de algo que le ha pasado realmente triste. Cuando vuelves a casa, sigues con un sentimiento de tristeza que se te queda en el estómago, sientes una presión. Acabas de contagiarte emocionalmente de los sentimientos de la otra persona.

contagio emocional

Estamos programados para contagiarnos emocionalmente unos a otros. Es parte de nuestra supervivencia. Sin esta capacidad no habríamos durado mucho. Pero el tema de este artículo es para conocer la diferencia entre contagio emocional y empatía.

Te sorprenderá, pero contagiarte por las emociones de los demás no es empatía. Empatizar requiere no perder tus propias emociones y sentimientos.

Cuando te contagias emocionalmente, haces las emociones de los demás tuyas, las sientes como propias y no sabes cómo desprenderte de ellas. Por lo que las consecuencias de esas emociones contagiadas también las experimentas. Ya sean emociones agradables o desagradables, como en la tristeza que se habla más arriba.

Muchas veces se relaciona y se confunden los términos empatía y contagio emocional. Y es que, es difícil marcar el punto en el que dejas de empatizar para empezar a contagiarte de la emoción.

Son varias las veces que he oído que el contagio emocional es un exceso de empatía. No es así. Empatizar requiere poder ver y sentir la situación de la otra persona, sin perder nuestro propio punto de vista, ni nuestra estabilidad emocional.

En mi opinión, creo que es necesario poder sentir una pequeña dosis de ese contagio emocional, para poder llegar a empatizar bien, pero sin que este contagio llegue a causar el efecto que hemos hablado, el de perder nuestro propio punto de vista y estabilidad emocional. Es decir, sin sufrir los efectos de un secuestro emocional causado por ese contagio.

Lo malo del contagio emocional, es que perdemos nuestra autonomía para pensar y sentir; estamos influenciados por las emociones y sentimientos de los demás. Es algo que no podemos evitar.

Sin embargo, esto no tiene por qué ser siempre malo. He explicado un ejemplo con la tristeza, pero ¿y si en vez de eso lo vemos con la alegría?

Piensa que hoy tienes un día regular, sin muchas ganas de hacer nada. Por la calle, te cruzas con un conocido que te cuenta lo entusiasmado que está. Lo hace de tal forma que consigue contagiarte esos sentimientos, y la emoción de alegría va sustituyendo a tu otra emoción previa.

Al volver a casa, te sientes con más motivación y decides ponerte a seguir con un proyecto que tenias a medias, por falta de motivación.

En este caso el contagio emocional nos ha venido bien. No hemos empatizado, porque tampoco nos hemos puesto en lugar de la otra persona para entender como se siente, pero sí hemos dejado que esa emoción entre en nosotros para usarla a nuestro favor.

Por lo tanto, al igual que la empatía, el contagio emocional es un recurso que tenemos de serie, que sabiendo utilizar y gestionar, puede jugar a nuestro favor. Y el exceso de empatía no es contagio emocional. Sin embargo, es necesario cierto contagio emocional para poder empatizar.

Y ya que tenemos esta capacidad de contagiarnos, ¿por qué no hacerlo con emociones agradables?

Víctor Márquez Exojo

Psicólogo General Sanitario – Experto en Inteligencia Emocional

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Autor:

Psicólogo General Sanitario. Experto en Inteligencia Emocional

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